Hay un tema relacionado con la salud mental que en los últimos años ha despertado el interés y la preocupación de todos; se trata del suicido. Es alarmante el incremento en casos reportados en los últimos 10 años.
¿Sabias que según datos que proporciona La OMS (Organización Mundial De La Salud), una persona se suicida cada 40 segundos? Esto puede ocurrir a cualquier edad, pero lamentablemente datos recientes reportan que han aumentado los suicidios sobre todo, en personas muy jóvenes.
El devastador impacto psicológico que deja el suicido, afecta no sólo a familiares y amigos de quien decide consumar el acto, sino a toda una sociedad, que se conmueve ante una tragedia en la que muchas veces nos preguntamos como pudimos haber prevenido.
Esta difícil realidad a la que nos enfrentamos, es precisamente lo que ha dado pie a que organismos internacionales como La OMS, La OPS, expertos en salud mental en todo el mundo, agrupaciones de pacientes y familiares, hablemos cada vez más abiertamente sobre el tema, aportando diferentes puntos de vista, tratando así de buscar alternativas en la prevención.
Aunque se han dado importantes pasos, aún hace falta mucho por recorrer. Es necesario concientizar a las autoridades sobre la urgencia de implementar mejores programas de prevención para personas en riesgo y sensibilizar a las comunidades con éste y otros temas de salud mental, en los que abundan las concepciones erradas y el estigma.
Sabemos que éste es un problema complejo, en el que intervienen factores culturales, ambientales, biológicos, psicológicos y sociales y que cada uno de ellos debe ser analizado para lograr los objetivos deseados.
La Depresión y el abuso de Alcohol son algunos de los factores de riesgo más importantes y a la vez tratables en el suicidio. Hoy en día contamos con opciones de tratamiento con antidepresivos eficaces, lo que permite que el paciente mejore su calidad de vida y vuelva a ser esta persona productiva y emocionalmente estable.
En cuanto al abuso de sustancias como el alcohol, hay múltiples intervenciones y programas de adicciones que también ayudan a parar el consumo y de esta forma permiten que las personas retomen sus vidas.
Recientemente leía una publicación del American Journal Of Psychiatry, una de las revistas científicas, específicamente de psiquiatría más reconocida en éste campo, en donde a un grupo de103 pacientes con diagnóstico de trastorno depresivo mayor, insomnio e ideación suicida, que ya estaban tomando tratamiento para la depresión, se les agregó un medicamento para mejorar el sueño a una dosis muy baja, y esto tuvo un efecto en la desaparición de las ideas de suicidio, lo que lleva a los autores a concluir que, durmiendo mejor, nuestra capacidad de procesar los pensamientos y realizar las actividades cotidianas mejora notablemente, algo que ya ha sido ampliamente revisado en el ámbito de la Psiquiatría.
Lo que me parece importante comentarles es que las ideas de suicidio y el insomnio son síntomas de la Depresión. Por ejemplo es como si tuviéramos una infección en la garganta y nos da fiebre y dolor al tragar; la fiebre y el dolor son síntomas de esa infección, si tomamos un antibiótico para controlar la faringoamigdalitis, la fiebre y el dolor no demoraran en desaparecer.
Algo similar sucede con las ideas de suicidio y el insomnio, si el paciente comienza a tomar un antidepresivo poco tiempo después, estos síntomas mejoraran, y aunque en algunos casos, como en los pacientes del estudio que mencione anteriormente, puede ser necesario agregar un medicamento para dormir mientras el antidepresivo hace efecto, la verdad es que atacar la Depresión será atacar la raíz del problema.
En conclusión, quiero dejarles este mensaje: En muchos casos sí podemos prevenir el suicidio. Todos podemos ayudar reconociendo en nosotros familiares o amigos algunas señales de alarma:
- Hablar acerca del suicidio, por ejemplo, con dichos como “me voy a suicidar”, “desearía estar muerto” o “desearía no haber nacido”.
- Obtener los medios para quitarse la vida, por ejemplo, al comprar un arma o almacenar pastillas.
- Aislarse de la sociedad y querer estar solo.
- Tener cambios de humor, como euforia un día y desazón profunda el siguiente.
- Preocuparse por la muerte, por morir o por la violencia.
- Sentirse atrapado o sin esperanzas a causa de alguna situación.
- Aumentar el consumo de drogas o bebidas alcohólicas.
- Cambiar la rutina normal, incluidos los patrones de alimentación y sueño.
- Hacer actividades arriesgadas o autodestructivas, como consumir drogas o manejar de manera negligente.
- Regalar las pertenencias o poner los asuntos personales en orden cuando no hay otra explicación lógica para hacerlo.
- Despedirse de las personas como si no se las fuera a ver de nuevo.
- Manifestar cambios de personalidad o sentirse extremadamente ansioso o agitado, en especial cuando se tienen algunos de los signos de advertencia que se mencionaron con anterioridad.
Finalmente, es importante que conozcamos la situación actual del suicidio en nuestras comunidades, identifiquemos señales de alarma en familiares y amigos y entendamos, que la realidad que vivimos en estos momentos, con una sociedad que se mueve a un ritmo acelerado, con poco espacio para cultivar la salud emocional, las enfermedad mentales como la depresión, el consumo de alcohol y los intentos de suicidios, crecen alarmantemente. La buena noticia es que reconociendo el problema y buscando ayuda a tiempo, podemos resolverlo.
