Recientemente una publicación del American Journal Of Psychiatry, escrita por Carl Salzman en Junio de 2020, hace la pregunta de si ¿Pueden las benzodiazepinas (grupo de medicamentos también conocidos como ansioliticos) causar Enfermedad de Alzheimer?.
En los últimos años ha habido una preocupación creciente con el uso terapéutico de las benzodiazepinas y la posible predisposición o causa directa de Alzheimer luego de su uso prolongado, es decir más de 3 meses.
Ha sido ampliamente revisado el hecho de que las benzodiazepinas así como otras drogas sedantes-hipnoticos, pueden interferir con las funciones de memoria.
La experiencia Clínica, así como estudios de revisión, sugieren que cualquier deterioro de memoria debido a la utilización prolongada de estos psicofármacos es primordialmente en la memoria reciente y generalmente es leve y reversible cuando el medicamento es discontinuado.
El autor de este artículo, hace referencia a una publicación hecha por J. Gallacher, en 2012, donde por primera vez se señala la asociación existente entre las primeras fases de demencia y el uso de benzodiazepinas. Sin embargo, particularmente en esa revisión, los autores fallaron en demostrar este punto.
Según señala Salzman, actualmente la preocupación en la población general y los médicos sobre el uso de ansiolíticos y su asociación con la Enfermedad de Alzheimer, se ha incrementado, debido a un estudio reciente sobre la relación causal entre el uso a largo plazo de estos medicamentos y el desarrollo de demencia.
Sin embargo la validez de dicho estudio (que dicho sea de paso Salzman no brinda mayor información sobre quienes son los autores o en donde fue publicado) ha sido muy criticada ya que no se tomaron en cuenta ciertas variables que afectan los resultados, tales como ¿cuál era el estado de salud previo de los pacientes?, si había uso de alcohol u otras sustancias o incluso, cuál fue la dosis de benzodiazepinas que recibieron.
Por otro lado, otros estudios caso control retrospectivos demostraron conclusiones opuestas a las publicaciones que citamos anteriormente, señalando que el efecto de los ansiolíticos en la cognición es pequeño o clínicamente no significativo.
Salzman hace mención además una publicación de “The Journal” hecha por los investigadores Daneses, Osler y Jorgensen, muy conocidos en el campo, quienes reportaron que “una larga cohorte” que no revelo asociaciones entre el uso de benzodiazepinas o drogas hipnóticas y el subsecuente desarrollo de demencia.
La pregunta que se hace el autor de esta revisión que ahora discutimos es ¿Cómo interpretamos los primeros resultados que produjeron una significativa preocupación en materia de salud pública?
Salzman señala que un deterioro en la memoria es sin lugar a dudas generador de ansiedad en personas de mediana edad que experimentan dificultades recordando nombres o eventos recientes.
Esta experiencia señala el autor, originalmente llamada deterioro de memoria asociado a la edad, es ahora conocida como deterioro cognitivo leve.
Aunque se sabe que sólo un 20% de aquellos sujetos con deterioro cognitivo leve progresan a un diagnóstico de demencia como Alzheimer, la ansiedad por la alteración en la memoria es común, y puede interferir con la calidad de vida y el sueño.
Se menciona un estudio de Kaiser y colaboradores que tenían la hipótesis de que un hombre de mediana edad quien es aún altamente funcional, puede tener conciencia sobre su problema de memoria relacionado a la edad y volverse ansioso de perder su capacidad como sostén de familia.
Esta ansiedad es probablemente común en el mundo actual y Salzman hace aquí referencia a una caricatura publicada en 2016 por el New Yorker, mostrando dos hombres de negocios bien vestidos, hablando en una calle de la Ciudad de Nueva York, donde uno le decía al otro: “Me alegra escuchar lo que has dicho, yo no puedo recordar tu nombre tampoco”.
Concluye el autor que un hecho posible es que algunas personas comienzan tomando benzodiazepinas para aliviar la ansiedad que genera el deterioro de memoria y su preocupación por la inminente Enfermedad de Alzheimer.
En los pacientes adultos mayores, el deterioro cognitivo leve puede también ser tratado con bajas dosis de ansiolíticos para mejorar la tranquilidad durante el día, así como el sueño y este efecto puede ser siempre bien recibido por ellos.
Se hace referencia a un pequeño estudio en un hogar para ancianos, en el que las alteraciones de memoria a corto plazo (amnesia anterograda), en residentes no dementes de edad avanzada, desapareció cuando las benzodiazepinas fueron gradualmente discontinuadas.
Sin embargo aquellos adultos mayores cuya memoria mejoró luego de que el tratamiento fuera suspendido, afirmaron preferir continuar con su medicación por los efectos calmantes y sedantes que les ofrecía, sin importarles el deterioro leve en la memoria reciente.
Es interesante comentar sobre un posible efecto protector en el cerebro de las benzodiazepinas a medida que los individuos envejecen, en comparación con el pequeño y reversible efecto secundario a nivel neurocognitivo.
La ansiedad puede ser un síntoma que aparece previo a la enfermedad de Alzheimer en pacientes con deterioro cognitivo leve. Cuando estamos frente a una situación altamente estrenaste nuestro organismo libera una sustancia llamada cortisol.
Este cortisol tiene un efecto tóxico en nuestro sistema nervioso central, afectando entre otras cosas nuestras capacidades cognitivas (memoria, lenguaje, etc).
Es posible entonces que el efecto calmante de las benzodiazepinas a bajas dosis en pacientes mayores con ansiedad, pueda reducir los niveles de cortisol en el cerebro y disminuir así el riesgo de vulnerabilidad para el desarrollo de enfermedad de Alzheimer.
Geriatras con vasta experiencia encuentran que el uso juicioso de bajas dosis de benzodiazepinas promueve el funcionamiento durante el día y ayuda a inducir el sueño en la noche.
Debido al ya conocido efecto sobre la memoria reciente y la atención, se insiste en el uso de ansiolíticos de vida media corta a dosis bajas por periodos cortos.
Esperaremos más estudios sobre benzodiazepinas y otros hipnóticos y la posible relación con el desarrollo de desórdenes cognitivos tardíos.
Finalmente señala el autor de este artículo, que basado en lo anteriormente discutido, podemos asumir que el uso apropiado de estos medicamentos, bajo la estricta supervisión de un médico, no conlleva al desarrollo de Demencia tipo Alzheimer.
Es muy común en nuestros día escuchar que alguien que conocemos toma medicamentos como Tafil, Rivotril, Diazapem, porque sufre de “ansiedad”. La mayoría de las veces estos fármacos son prescritos por médicos de atención primaria que identifican algún problema para el manejo del estrés y las emociones.
Aunque en esta revisión parece claro al menos para el autor, que no hay una relación directa entre el uso de los ansiolíticos y el desarrollo de Alzheimer, lo cierto es que el uso prolongado de estos medicamentos, sin una correcta supervisión médica, puede conllevar a otros problemas además de las alteraciones de memoria que sí se mencionan en este articulo.
Todos los medicamentos tienen efectos secundarios, hasta el acetaminofen que tomamos para la fiebre puede producir reacciones en nuestro organismo que no son deseadas.
Sin embargo cuando ponemos en una balanza el riesgo y el beneficio de tomar un fármaco, la decisión de hacerlo debe darse porque no hay lugar a dudas de que los beneficios son mayores a cualquier posible efecto nocivo.
Los médicos tenemos la responsabilidad de tomar estas desiciones cada vez que ordenamos un medicamento a nuestros pacientes, por eso es importante insistir, en que siempre debe haber una estrecha supervisión del tratamiento.
